Opinión

Estado Nacional… se rifa

Jorge Rubiani jrubiani@click.com.py ¿Quién se acuerda de los derechos adquiridos del pueblo? ¿Por qué olvidamos las «obligaciones adquiridas» de los que nos gobiernan y nos

Jorge Rubiani
jrubiani@click.com.py

¿Quién se acuerda de los derechos adquiridos del pueblo? ¿Por qué olvidamos las «obligaciones adquiridas» de los que nos gobiernan y nos representan? ¿Por qué no se penaliza la «omisión de responsabilidades» de los que asumen un mandato público y no cumplen ni siquiera con sus promesas? ¿Por qué el rigor de la justicia -y de la sociedad- se distienden frente a quienes deberían estar obligados al menos a la decencia, desde que reciben un salario proveniente del Estado?

Para estas preguntas aparentemente nadie tiene respuestas. Pero hablamos de democracia y todo parece confuso. Que todo se trastoca, que la ilusión de una sociedad mejor queda reducida a la «lucha» de unos pocos para sus particulares y precisos intereses. Que la vida cívica del país está a merced del furor de las multitudes. Que se disuelve la institucionalidad y se renuncia al rigor intelectual, a la calidad moral. Que todo se remite a demandas, reclamos, reivindicaciones; las que tienen lugar simplemente porque los responsables de atenderlas o poner coto a los desbordes, miran de reojo las «encuestas de popularidad». Porque finalmente, sólo cuentan los números de las votaciones.
Chantajes de patotas sindicales que «negocian» ventajas con sus colegas partidarios de la misma catadura. Negociaciones que se plantean desde las intocables e irrenunciables posiciones de los que se saben más fuertes porque no tiene nada que perder.

Porque no estamos hablando de empresas donde la ausencia del obrero y su actividad, representa la pérdida del patrón. O alternativamente, la pérdida de la fuente laboral del obrero. Sino de situaciones donde la víctima es el pueblo. La que pierde es la gente, que no recibirá educación, que no tendrá salud o atención de sus necesidades. Que no tendrá servicios por los que paga. Servicios que no pertenecen a los sindicatos o a los funcionarios, porque éstos -simplemente- puedan presionar al Gobierno con la omisión de sus propias responsabilidades.

Se cierran rutas por cualquier tontería. Como si las tuviéramos de sobra y fuera fácil circular por los «caminos de la república». Ventajismo puro, que no cuenta la situación del país ni el futuro de la nación. Huelga general para trabajar menos. Huelga general para ganar más. Huelga por la vigencia de los «derechos adquiridos», por incrementar privilegios. Sin importar que los hospitales públicos carezcan de lo elemental. Sin importar que los niños queden sin educación y la nación sin futuro. Sin importar que la gente -que ya tiene poco y nada- sufra con menos.

Pero ya que hablamos de democracia y participación: ¿puede hacer huelga la niñez cuyo futuro es hipotecado sin remedio? ¿Pueden hacerlo los que están sin trabajo, o no pueden acceder a un servicio de salud? ¿Pueden hacer huelga los que quieren salir a la calle sin miedo? ¿Podemos hacerlo… para pedir que tengamos maestros y funcionarios que no sólo «vistan la albirroja», sino «se pongan la albirroja»? Que suden la albirroja con corazones patriotas dentro?

No, no podemos. Porque estamos prisioneros de la «militancia light», pobre de historia y sin capacidad para atisbar siquiera lo que significa un ideal. Que no saben -muchos de ellos estaban en la vereda opuesta o no estaban- que los idealistas de antes luchaban por los derechos y beneficios de toda la sociedad. Los militantes ligth de ahora, sólo lo hacen para su causa, para su grupo, para sus intereses. Salen a la calle por sus exclusivas ventajas.

Pero cuando tienen la atención privilegiada del gobierno y la prensa (y la tienen), debemos ser concientes que la sociedad se desdibuja, la institucionalidad deja de existir. La Nación desaparece…

#Jorge Rubiani#País#Política

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