Cuando se acerca la Nochebuena, a los paraguayos que vivimos en el exterior se nos agudiza el techaga’ú y es, quizá, cuando más sentimos el desarraigo.
Entonces nos invade la tristeza que también lleva consigo la secreta esperanza de que, alguna vez, esa silla será cubierta y, de esa manera ya no tendremos un vacío en el alma, y se disipará el dolor que sufrimos en la distancia.
Por eso es que cuando se aproximan estas fechas, damos rienda suelta a nuestro deseo de ir en busca del abrazo que nos contenga, vivifique y le siga dando sentido a nuestra vida aunque después volvamos a distanciarnos.
Por eso no nos importa cuán caro es el pasaje a nuestro país porque estar con el ser querido no tiene precio…